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Adiós a las burbujas

Una nueva terapia génica consigue curar a 8 «niños burbuja» con inmunodeficiencia combinada severa

La inmunodeficiencia combinada grave (en inglés, Severe Combined Inmunodeficency) es un grupo de enfermedades raras caracterizadas por la ausencia de ciertas células del sistema inmunitario, los linfocitos B o T. Son enfermedades congénitas, es decir, que los bebés nacen ya sin estas células encargadas de defenderlos de infecciones por bacterias, virus y hongos. Por ello, a estos bebés se los denomina ‘niños burbuja’, dado que deben estar completamente aislados del exterior para evitar el contacto con cualquier tipo de patógeno que pueda infectarlos.

¿Cuál es la causa de esta enfermedad? Principalmente tiene causas genéticas que se heredan. Suelen deberse a mutaciones en los genes encargados de dar las señales necesarias para que se desarrollen las células del sistema inmunitario. Sin estas señales, las células madre de la médula ósea no se diferencian a linfocitos.

La madre puede ser portadora pero si un hijo varón hereda la mutación sufrirá la enfermedad

Más de la mitad de los casos de SCID están ligados al X. Esto significa que la mutación que la causa se encuentra en el cromosoma X. La madre puede ser portadora de la mutación sin verse afectada por la enfermedad, dado que tiene el gen correcto en el otro cromosoma y actua como una copia de seguridad. Sin embargo, si su hijo varón hereda la mutación, como tiene cromosomas X e Y, no tiene esa copia de seguridad y sufrirá la enfermedad.

Como las ‘causantes’ de esta enfermedad son las células madre precursoras de los linfocitos, la principal estrategia que se sigue para intentar tratarla es el trasplante de médula ósea. Sin embargo, es muy difícil encontrar donantes compatibles, que suelen quedar reducidos a familiares cercanos con una compatibilidad parcial.

¿Cuál es la solución entonces? Si las células madre tienen una copia errónea, ¿por qué no corregirla? Esa es la estrategia que han utilizado los investigadores del Hospital Infantil St. Jude y la Universidad de California-San Francisco en un ensayo clínico con 8 niños con una mutación en el gen IL2RG.  En primer lugar, extrajeron médula ósea de los niños e ‘infectaron’ las células madre con vectores lentivirales con la copia correcta del gen. Estos vectores funcionan como un virus, inyectando ADN, pero no producen ninguna enfermedad ni suponen riesgo para el paciente. Poco después, seleccionaron las células que habían corregido la mutación y sustituyeron la médula ósea original por las nuevas células modificadas en el laboratorio. De esta manera, los niños que presentaban niveles nulos de linfocitos T, recuperaron a los pocos meses los niveles normales, volviéndose resistentes (o inmunocompetentes) frente a posibles infecciones.

Esto supone un grandísimo avance en el campo de la terapia génica, pero debemos tener en cuenta que se trataba de un ensayo clínico en fase 1 y 2, en el que se evaluaba la seguridad y la eficacia iniciales del tratamiento. Lo que está claro es que hay que seguir apoyando la investigación en enfermedades raras y, nunca está de más decirlo, la investigación científica en general.

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